Recuerdo haber tenido el siguiente sueño hace unos días.
Andaba por la calles de la ciudad, y algunas personas queridas de mi grupo 89 andaban en la casa de alguien. Casi todas ellas eran mujeres, muy lindas como siempre. Yo creo que buscaba a alguien, pero no recuerdo muy bien. Después me encontraría haciendo fila en algún lugar, donde habíamos varios hombres parados ahí. Repentinamente veo una figura femenina alta y atractiva. ¡Resultó ser la conductora de televisión mexicana Galilea Montijo! ¿Qué hacía ella en mis sueños? Algo muy raro.

Recuerdo muy bien que a cada uno le tocaba parte de los brazos, para ella sentir así el vigor de cada hombre que ella iba pasando. Al llegar a mí, me tocó mi antebrazo, y notó cierta fuerza, y se sintió muy atraída hacia mí, comentando que yo seguro tendría muy buenas habilidades a la hora del sexo. Creo que también imaginó que yo tendría enormes erecciones. Me sentí halagado como a la vez intimidado, pues una mujer hacía tales comentarios de mí.
No lo puedo negar, ella es una mujer atractiva, cómica y linda, muy sensual y algo voluptuosa. Tiene una figura enorme, y no niego que se halle en las fantasías de muchos hombres. Yo la verdad no me intereso en formar parte de ese club. La quiero respetar, sin negar sus distinguidos dotes (y espero que no sean operaciones estéticas). Es una mujer, y mayor que yo.
No lo niego; me gustaría tener a una mujer así de guapa y atractiva, con un cuerpo que me deje mudo, y tampoco niego desear la hora en que ella y yo nos unamos íntimamente en un solo cuerpo, en una sola alma, en un solo aliento, en un mismo ser. Pero debo de calmar mi sed, mis deseos. No quiero dejarme llevar por el físico solamente de una mujer, sino conocerla de verdad: Enamorarme de la mujer, no de su cuerpo.
Andaba por la calles de la ciudad, y algunas personas queridas de mi grupo 89 andaban en la casa de alguien. Casi todas ellas eran mujeres, muy lindas como siempre. Yo creo que buscaba a alguien, pero no recuerdo muy bien. Después me encontraría haciendo fila en algún lugar, donde habíamos varios hombres parados ahí. Repentinamente veo una figura femenina alta y atractiva. ¡Resultó ser la conductora de televisión mexicana Galilea Montijo! ¿Qué hacía ella en mis sueños? Algo muy raro.

Recuerdo muy bien que a cada uno le tocaba parte de los brazos, para ella sentir así el vigor de cada hombre que ella iba pasando. Al llegar a mí, me tocó mi antebrazo, y notó cierta fuerza, y se sintió muy atraída hacia mí, comentando que yo seguro tendría muy buenas habilidades a la hora del sexo. Creo que también imaginó que yo tendría enormes erecciones. Me sentí halagado como a la vez intimidado, pues una mujer hacía tales comentarios de mí.
No lo puedo negar, ella es una mujer atractiva, cómica y linda, muy sensual y algo voluptuosa. Tiene una figura enorme, y no niego que se halle en las fantasías de muchos hombres. Yo la verdad no me intereso en formar parte de ese club. La quiero respetar, sin negar sus distinguidos dotes (y espero que no sean operaciones estéticas). Es una mujer, y mayor que yo.
No lo niego; me gustaría tener a una mujer así de guapa y atractiva, con un cuerpo que me deje mudo, y tampoco niego desear la hora en que ella y yo nos unamos íntimamente en un solo cuerpo, en una sola alma, en un solo aliento, en un mismo ser. Pero debo de calmar mi sed, mis deseos. No quiero dejarme llevar por el físico solamente de una mujer, sino conocerla de verdad: Enamorarme de la mujer, no de su cuerpo.
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