Montag, 2. Januar 2006

Desde la Rústica Klairebeaux hasta el Moderno Le Dörfeaux

Empecemos este año 2006 con un buen relato de mi subconsciencia tan consciente. Este sueño lo tuve en algun momento entre la madrugada y la mañana de hoy mismo.

Primeramente, creo haberme encontrado en alguna escuela, no sé bien si era mi antiguo colegio, si talvez haya sido Il Zièdew, o definitivamente la Universidad de Klairebeaux. Pero de lo que estoy absolutamente seguro, es que vi a gente de las tres instituciones tan gloriosas y merecedoras de mis elogios de estudiante orgulloso.

Me encontraba con algunos compañeros de la preparatoria en una aula de clases, y al haber escuchado de los desastres que había ocasionado una lluvia muy intensa, muchos compañeros estaban disgustados por las situaciones del clima. Pero saben, en mi sueño cambiaron los papeles: ahora la preparatoria estaba ubicada cerca de mi hogar, y ahora mis compañeros que vivían por todas esas zonas de Heinz o Nibelünge, o incluso Harlzbornn se quejaban de que el transporte no los podría llevar hasta sus aposentos lejanos.

Mientras tanto, yo me encontraba muy tranquilo ya que no tendría que preocuparme por el tiempo, todo marchaba demasiado perfecto para mí. Entonces estuve caminando por algunos pasillos de la escuela tan nueva y extraña para mí.

De repente cuando me encontraba caminando pasé por un salón desconocido donde ví a mi antigua maestra de mecanografía cuidando a muchos alumnos. Me dió gusto habérmela encontrado, pero yo seguía mi camino hasta volver a arribar a mi perteneciente salón.

Creo haber visto a mi maestro de Deutsch, el Lehrer Izkoz. Creo que nos saludamos, o quizá solamente nos vimos a distancia. Realmente no lo recuerdo.

Después ya en el pasillo de la planta baja, porque anteriormente me encontraba en la planta alta, me encontré con la señora Laurdes Maar y a la pequeña Adgrielle von Lauterbatch. Las saludé y les comenté que aún tenía clases, que en un momento saldría ya.

Llegué a mi salón, pasó el tiempo y se acercaba el momento en que debía de salir. El maestro Hènnard vendría por mí en su vehículo blanco. Me asomé por una ventanilla de una de las tantas aulas de tal institución y pude divisar cómo llegaba un talentoso y a la vez notable garzón de su carroza diseñada personalmente para el intelectual chico por sus altos padres tan ocupados en sus negocios. Honorablemente bajó de su coche tan peculiar y moderno, el cual se los describiré como mi subconsciente pueda recordar.

Este automovil era pequeño, pero no le quitaba la facilidad de un chofer; poseía un color tan llamativo como el de la uva; y su forma, su diseño, claramente atrajo la vista de todo mundo de alrededor, incluso la mía. No pude aguantar las ganas de decirme a mí mismo que era un maldito presumido este joven. Imagínese usted lector el casco de un caballero platenzi de aquellos tiempos, tan digno de traer puesto, indicando un símbolo de poderío, el cual era tan pomposo y exagerado. ¡Un auto con forma de casco de caballería! Sí, exacto. Esa era la forma del carro.

Y finalmente, al bajar de este móvil, el muchacho portaba un traje de vestir de última moda y tan costoso que sus padres tal vez le habrían obsequiado en su cumpleaños, o talvez en los días del último fín de semana que pasaron en familia. Quién lo sabría, solamente el chico mostraba una seriedad de hombre maduro con una vida ya casi hecha, portando su vestido oscuro y sus gafas, junto con una apariencia tan segura y derecha. Todos quedaron eclipsados con tanta seriedad y seguridad.

Ahora llega el maestro von Klairebeaux en su auto blanco, por lo cual me apuré a bajar las escaleras (las cuales eran algo cuadradas, pero no tan perfectamente como las de Il Zièdew). El hombre me hizo la explicación de que una llanta del vehículo se encontraba en malas condiciones pero que tuviésemos la esperanza de poder llegar a nuestro destino.

Y bien, arribamos a tal lugar: la Universidad Le Dörfeaux, donde se encontraba mi gran amigo Dabvio Nahéem. Al pasar por la entrada del lugar ví a la señora Ellez, madrina de la niña Adgrielle. Ya al estacionar el auto, mi padre bajó unos papeles de él y me mostró un pequeño ser que había encontrado en la agraciada naturaleza: Era un pequeño insecto volador de tan bellos y espectaculares colores claros.

Después de esta muestra del descubrimiento del maestro, colocamos sus cosas en una barda de la Universidad y nos dirigimos hacia mi amigo, que estaba por concursar en la feria de proyectos Jason. ¡Mi amigo sí que es un genio de la ciencia! Pero al estar con él, mi maestro y yo olvidamos preocuparnos por su gran hallazgo de la naturaleza.

Muchos hombres con cámaras fotográficas acorralaban y emulaban la más siniestra de las torturas para un pobre insecto tan tierno e indefenso. Acudí al acontecimiento y quité a estos malhechores de su presa tan humilde. Todos querían quitarme al insectos de mis manos, pero éste voló a mis anteojos, lo cual fue gracioso.

Después de esto desperté y mi mente trataba de recordar todo lo acontecido.

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